
Lo cierto es que La Orquesta regresó un día de la montaña, con las secuelas propias del fuerte desgaste físico correspondiente a los dos días de caminata. Sin embargo, el semblante de sus integrantes evidenciaba una madurez y confianza renovada.


cosechado amig@s a montones, de distintos confines de esta inmensa patria, y solo el destino dirá si habrá oportunidad para el reencuentro.
Sin embargo, envueltos en la melancolía que nos produce narrar el final de esta zaga, queremos entregarle a los lectores una breve reseña del recital de despedida de la Orquesta .
Aquella noche la Orquesta sonó a pleno, entregando un recital a puro corazón, en medio de una lluvia torrencial que convertía el paisaje de montaña en un entorno apocalíptico. A cambio, fuimos generosamente convidados con calurosos aplausos y reconfortantes mangares locales que deleitaron los estómagos valdeces.
El adiós, estimado lector, no fue sencillo para nadie. El Bolsón derramo su llanto durante dos días consecutivos, bajo la forma de una intensa lluvia que hizo saber a los peregrinos Valdeces que su estadía en la comarca, su paso por las montañas y su cumbia, habían dejado su huella.

Antes de subir al micro la lluvia se detuvo repentinamente. El cielo se abrió y el sol regó con su luz el Piltriquitrón. Los miembros de la Orquesta observaron por ultima vez sus contornos. Sus picos, por
primera vez, se mostraban nevados.

No corrieron lágrimas por los rostros valdeces, aunque se observaban gestos austeros que reflejaban el sentido adiós y el agradecimiento por todo lo vivido.
Antes de subir al micro la orquesta ofreció, por medio del niño rocola, su ultimo adiós y su hasta siempre al ocasional público presetne. La Delio Valdez llego al Bolsón para tocar cumbia. Y así como llegó se fué, llevando su musica a otra parte... dejando un poco de su corazón en el Sur y con la promesa del eterno regreso.
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